22 de septiembre de 2016

Historiografía competente

Los debates historiográficos, debido a los cambios disciplinarios de las últimas décadas, se encuentran en plena ebullición. Sin embargo, todos estos debates son ajenos a la sociedad. La historiografía es la ciencia histórica, las corrientes que analizan y explican los hechos históricos de la historia humana. Y es una cuestión importante, es importante sacar el debate a la calle, lejos del mundo académico que lo monopoliza constantemente. Entender la Historia, nuestra historia, nos puede ayudar a comprender los retos de la sociedad actual, las dificultades a las que el mundo, intensamente globalizado e interconectado, se enfrenta. 
Está claro que los historiadores no somos adivinos o profetas, nuestro trabajo se centra en explicar por qué han sucedido las cosas y cómo repercuten en la sociedad, mediante el uso del método hipotético-deductivo, o lo que es lo mismo, el método científico. Las corrientes historiográficas en las que nos vamos inscribiendo son tendencias sobre las cuales tendemos a dar más peso a unos factores que a otros, siempre mediante la argumentación y las pruebas documentales y/o arqueológicas. Hoy, estas corrientes se están transformando, la historiografía marxista ha perdido fuelle en frente de la historiografía conceptual o la etnográfica. Esto como gran cambio en la tendencia de las últimas décadas.
Frente a esto, la presencia del humanismo va perdiendo fuelle, ha pasado a un segundo plano; olvidando que fue el humanismo el que sacó la cultura fuera de los muros monásticos, quien puso las primeras piedras para que, con el tiempo, el saber, la información, la cultura de otros tiempos, fuera extensible a todas las capas sociales. Pero a pesar de todo, parece ser que el conocimiento se vuelve estanco, reducido a círculos académicos cerrados. La interconexión y la transversalidad entre los diferentes ámbitos humanistas están completamente rotas. ¿A caso los historiadores nos atrevemos a entrar en los debates sobre las nuevas corrientes filosóficas? ¿O qué sucede cuando sabemos que la RAE incluye nuevos vocablos, y el debate se reduce solo a los ámbitos filológicos hispanos?
No entramos aquí, del mismo modo que el mundo filosófico, geográfico o filológico, en cuestiones historiográficas (que no históricas). Sin embargo, el golpe más duro vino cuando se produjo una separación de facto entre historiografía y arqueología, haciendo cada uno su camino después de siglos caminando juntos.
Estoy de acuerdo que la diversificación nos ha permitido ahondar más en cuestiones concretas, sin embargo, esta diversificación ha traído consigo la desconexión dentro del humanismo, o mejor dicho, en todo el ámbito científico.
Estas brechas entre disciplinas también han afectado a la historiografía, a sus corrientes, que lejos de interconectarse, se van difuminando. Historiar es complicado, cada día más debido a los retos archivísticos que se nos van presentando (El estado español niega el acceso a fuentes documentales, lo que impide conocer testimonios de personas que ya no caminan entre nosotros), pero se nos une le obstáculo de la diversificación historiográfica, en la que las tendencias, lejos de encontrar puntos en común, se van esparciendo más en el espacio-tiempo.
El reto de los nuevos historiadores es, o bien continuar diversificando más, o bien ralentizar esta diversificación al ritmo que tendemos puentes entre nosotros, y los tendemos hacia el resto de disciplinas humanísticas, buscando siempre el quid pro quo.

Iván Garnelo Morán

25 de junio de 2016

¿Qué ha pasado, Europa?


Ayer, a las 8:30 am, sonaba el despertador. La noche anterior me había ido a dormir a la una de la madrugada con la expectación sobre el resultado del “Brexit”. Preparo café, abro mi ordenador, y ¡Sorpresa!, el Reino Unido ha votado irse.

Televisión, diarios digitales de todos los países. Mi suposición se confirmaba. Días atrás hablaba con unos colegas sobre el “Brexit”, y todos concluían que ganaría el ‘Remain’, sin embargo, dar una apuesta clara era inviable. Sigo las tertulias en las televisiones. Como no puedo ver más de una canal a la vez en la Televisión, decido poner el directo web de alguna cadena. RTVE, TV3, La Vanguardia Internacional, El País, The Times, The Guardian, Le Monde, Le Fígaro… Mucha información, hay que ordenarla.

Vuelvo a hacer café mientras de fondo anuncian la comparecencia de David Cameron a las 9:15 am. Riguroso directo. Tras alabar la capacidad democrática británica y dar la enhorabuena a sus adversarios (Su campaña fue a favor del ‘Remain’), anuncia algo en gran parte evidente, su dimisión. Pero lo hace al estilo inglés, de forma ordenada y paso a paso. En tres meses los británicos tendrán nuevo ‘Premier’.

Tras su comparecencia, llegan las del resto de líderes europeos, incluido Mariano Rajoy, para mi sorpresa, bastante lúcido y sin dislexias. Acabado esto, con el paso de la mañana y con muchos artículos, noticias, debates, etc., voy intentando sacar alguna cosa en claro. Estadísticas de voto, porcentajes… un bombardeo constante de información. ¿Qué ha pasado, Europa?

Todos sabemos que tras el desastre que habían supuesto para el viejo continente dos Guerras Mundiales en menos de medio siglo, no se podía permitir volver a un horror como aquél. Millones de muertos, millones de refugiados, millones de huérfanos, ciudades y poblaciones en ruinas. Algo había que hacer, y los países centroeuropeos, con Francia y Alemania a la cabeza, inician la creación de un marco de entendimiento. Una serie de tratados, organizaciones supranacionales. En 1948 nace la UEO[1] con el Tratado de Bruselas, sin embargo, el punto fuerte será la CECA[2] en 1951, la CEE[3] en 1956 y el Euratom en 1957, que son los tratados que constituyen las Comunidades Europeas.

En 1973, el Reino Unido se une a las Comunidades Europeas. Y será en 1992, con el Tratado de Maastrich, cuando la Unión Europea tal como la conocemos, nace. Los británicos estaban en ese momento, estaban con Europa. Sin embargo, en estos 24 años, Europa se ha ido debilitando, sus cimientos se han ido pudriendo; y el “Brexit” de los británicos es una muestra de ello, en parte. Es muestra de crear una Unión Europea con una base económica, pues las organizaciones de origen tienen una marcada base económica, y esto ha marcado la marcha de la Unión, a pesar de los tratados posteriores a Maastrich.

Por otro lado, los conservadores británicos son los que han llevado al Reino Unido a este punto. David Cameron ganó las elecciones hace dos años, pero bajo la promesa del referéndum y utilizando un discurso anti-inmigración para mantener el voto de la derecha británica en todo su espectro, centrándolo mayoritariamente en el partido tory.

Ahora la Unión Europea y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte se enfrentan, cada uno, a un reto interno. La Unión Europea a evitar que haya un efecto rebote sobre otros estados miembros, pues muchos de los partidos euroescépticos, como el FNF de Le Pen, abogan por referéndums idénticos y tienen fuerza electoral en sus respectivos países. Los británicos, con Escocia e Irlanda del Norte, donde el ‘Remain’ ha ganado de forma aplastante, pueden buscar una salida de la Unión y constituirse como estados soberanos. Los escoceses ya han iniciado un proceso para convocar un nuevo referéndum sobre la independencia.

En cuanto a las cuestiones económicas, que es lo que parece preocupar al mundillo intelectual, lo cierto es que se abren muchas posibilidades, no podemos hacer suposiciones sobre ninguna de las opciones de las que se hablan en los debates. Hasta el momento no ha ocurrido nada similar (el caso de Groenlandia en 1985 no supuso que Dinamarca abandonara la UE, simplemente ese territorio danés decidió que no debía estar dentro, pero Dinamarca siguió como estado miembro).

El “Brexit” nos tiene que dejar claro que en Europa hay algo que no funciona, que la Unión Europea tal como la hemos concebido hasta el momento, no puede seguir un camino mucho más largo. La Unión Europea debe, quizás, avanzar a un nuevo plano de unificación supranacional, pero la emergencia de los debates nacionalistas, xenófobos, de “defensa de la patria”, en el marco de una crisis social, en la que el pueblo ha visto rotas sus expectativas, no permite aupar una regeneración y renovación del proyecto europeo, de avanzar hacia los Estado Unidos de Europa.



[1] Unión Europea Occidental
[2] Comunidad Europea del Carbón y del Acero
[3] Comunidad Económica Europea

31 de marzo de 2016

NACIÓN Y NACIONALISMO: ¿UNA REALIDAD INDEFINIBLE?*

A menudo, en el mundo de las religiones, sobre todo las monoteístas, se dice que la “divinidad”, “Dios”, es indefinible –en algunas, incluso, irrepresentable-, a pesar de su existencia. ¿Pasará algo parecido cuando hablamos de nacionalismo o de nación?  Muchos historiadores, politólogos y científicos sociales han intentado desde el siglo XIX dar una respuesta. Sin nos acercamos a muchos de estos autores, como Ernest Renan, Eric Hobsbawm o E. Gellner, podríamos concluir que definir el significado de nación o nacionalismo es harto imposible; y -en palabras de Renan- se presta a los más peligrosos equívocos. O el mismo José Mª Gil-Robles hijo, que nos dice que encontrar una definición pacífica y comúnmente aceptada (…) es prácticamente imposible.
Realizando una perspectiva histórica, la noción que la sociedad actual adquiere para estos conceptos, se fragua en los últimos doscientos años. Hablamos pues, en el sentido que la definen Hobsbawm y Gellner, sobre Nación Moderna. Coincido en la dificultad de definir la nación. ¿Dónde empieza y dónde acaba? ¿Quién otorga los parámetros de la nacionalidad? ¿El nacionalismo es dado por la nación, o sucede a la inversa? ¿La nación es una realidad cultural, social, lingüística, histórica? Hoy, cuando viajamos y respondemos a la pregunta sobre de dónde somos o cuál es nuestra nacionalidad, concretamos con la adscripción de un país –o dos si tenemos doble nacionalidad-, es decir, estamos adscritos a una realidad territorial, dentro de unas fronteras. Por ejemplo, si yo viajo al Reino Unido y me preguntan: “Where are you from?”, sin pensar responderé: “Spain”, y mi homólogo rápidamente sabrá donde situarme en el mapa. Con esto quiero decir que la nacionalidad, brazo identitario del individuo perteneciente a un país, y por ende, a la nación; en la mayoría de casos se adscribe a unas fronteras físicas de un territorio concreto. Aun así la identidad no siempre es clara, y dependiendo de la realidad concreta de cada país, la respuesta puede estar, digamos, especificada. Por ejemplo mi amigo Marc. Si él se encontrara en la misma situación que yo, aclararía que es de Catalunya, es decir, que la respuesta “Spain” es un genérico, para que el otro se sitúe. A la inversa, en el caso británico, podríamos encontrar la situación en la que el visitante anglosajón aclare que es de Inglaterra, Escocia, Gales o Irlanda del Norte. Sin embargo a un francés no le sucedería, es francés y punto. Puede aclararte de qué lugar de Francia, como “Bretagne” o “La Normandie”, pero no aclarará que es normando o bretón, simplemente es francés. Lo mismo nos sucede con otros muchos europeos, o americanos.
Por tanto regresamos al punto en el cual nos vemos en la necesidad de definir qué es una nación. Renan, en su conferencia de 1882 “Qu’est-ce que c’est une nation?”, dice que la nación es un resultado histórico de hechos convergentes. Al mismo tiempo, Gellner nos indica que es un fenómeno y construcción de la contemporaneidad, a fin de cuentas, su hijo. Por lo tanto, creo que debiéramos considerar que la nación es un artificio fruto del imaginario colectivo, tras la imposición de una élite, para controlar a una población.
F. Xavier Guerra, sobre el fenómeno en América, diferencia a ésta de Europa en la construcción de la nación en un punto. En América primero aparece la Nación y luego el brazo ideológico, el nacionalismo. En Europa el echo está invertido, primero se arma la ideología y ésta lleva a la consecución de la Nación. Personalmente, creo que el objetivo en ambos casos viene a ser el mismo, y que la forma sea una u otra se debe al contexto histórico.
En Europa existían unas realidades pre-nacionales en el siglo XIX, América Latina carecía de ellas durante las emancipaciones e independencias, y cuando se consumó la inevitable destrucción del antiguo Imperio Hispánico, los nuevos ciudadanos debieron organizar unos límites primigenios, que como hoy sabemos, irían variando –aumentando y disminuyendo- a lo largo de los años posteriores. Y de aquí surge la ideología, los mitos nacionales se van conformando, pero la nación ya está constituida. A pesar de todo ello, he dicho ya que el resultado final es el mismo: el control de la población.

Entonces, ¿Qué es, pues, una nación? Simplemente lo contrario a todo aquello que creemos que es, es decir, no es una cultura, una lengua o un pasado común. Una nación es aquello que un grupo de individuos acepta que es, hoy consolidada en Francias, Catalunyas o Noruegas; pero, ¿Quién sabe? Quizás mañana seamos de nuevo siervos del Rey de Ruritania o el Barón Rampante, o simplemente respondamos con la frase de aquel anuncio de una conocida marca de refrescos: -“¿Y tú de quién eres? –Yo de Kas naranja”.

Iván Garnelo Morán

*Artículo para la asignatura del Grado en Història-UAB: "Nacions i nacionalismes a l'època contemporània" Curso 2015-2016

25 de enero de 2012

Carme(N) y Alfredo, pareja de hecho.

Un amigo mío la llamó a esta señora, "La socialista d'enlloc". Permítanme poner en duda su "socialismo". Esta señora es Carme Chacón, aunque yo ahora la llamaría CARMEN, con "N" de nada. Porque es eso, nada. Hace pocos meses resaltaba su catalanismo mas feroz, eso si, decía "catalanismo" entre comillas; no fuera a ser que la confundieran con Los Verds o ERC; que "Per Catalunya no és lo mateix". Ahora resulta que también es española, bueno, ya lo era; fue ministra de defensa. Pero es española ahora rechazando su "catalanismo" o su origen catalán. Pero yo voy con lo que quería, que esto ya lo ha tratado mi colega en "la socialista d'enlloc".
Socialista dice ser, ella y los/las que la rodean. Así como los que rodean a "D. Alfredo de Rubalcaba".
Ambos luchan por el poder en el PSOE. ¿Quién ganará? La verdad es que poco importa, porque gane quien gane, el "espíritu" actual del PSOE no cambiará. Un espíritu erguido hacia la socialdemocracia neoliberal, que no deja de ser Capitalismo en estado puro, con algún que otro derecho a los pobres.
Muchos simpatizantes y afiliados del PSOE, llevan reclamando años un cambio de rumbo en el partido. Algo abierto hacia sus afiliados, que en comparación con esta sociedad, son esos pobres a los que los de arriba no quieren escuchar.
Estos dos elementos se han montado una guerra sin cuartel para aferrarse a su último intento por ser importantes. El que pierda volverá a casa con la cabeza baja, abucheado. ¿O no? puede ser que después de tanta disputa, se unan en pareja de hecho. Los dos juntitos, como en la República Consular Romana. El PSOE dejará de tener un "secretariado general" a tener un "consulado". Carmen y Alfredo, juntitos hasta el final. De la mano, codo con codo. Lo peor será el día que muchos se cansen y los manden a paseo. Son la expresión de la máxima demagogia política, igual que sus homólogos del PP, CIU, ERC, ICV, IU, BNG, etc, etc.
Son cadáveres de una nave que naufragó hace ya mas de 35 años, cuando su mentor renunció al "marxismo". Una palabra un tanto prehistórica ya, pues el comunismo está muerto. Si, puede ser; o ¿Quizás no? Comunismo o Socialismo, llámalo como quieras, pero tiene una misma base ideológica, Karl Marx.
Cambio, lo que necesita la izquierda es cambio, no viejos dinosaurios que nos recuerden un pasado algo abrumador. Ahora, ¿Quién ha de llevar a cabo ese cambio?

Hiván Ramone