26 de noviembre de 2018

El desastre

El caso del neurólogo en paro, Alejandro Rivero, no es único, a él le acompañan miles de profesionales. Desde un punto de vista, la "crisis" se ha llevado muchas cosas por delante. Empezando por las familias humildes y obreras, pasando por los sistemas públicos de sanidad y enseñanza (o educación, esto como guste), y llegando a otros muchos sectores como los de la investigación, la industria o el sector primario (aunque éste lleva ya demasiadas décadas en crisis continua).

En apariencia, se nos ha ido haciendo ver que ésto es, por un lado, un comportamiento normal del sistema (caso éste cierto), y por otro, que la culpa la ha tenido la ciudadanía por sus propios excesos. En ningún caso se señala al propio capitalismo, o, aún peor, al neoliberalismo militante que aboga por un estado minúsculo, dónde las "leyes del mercado" y "la mano invisible" obran en pos del bien común. Esta tendencia lleva implementándose desde finales de los 70 y principios de los 80. Mundialmente son paradigmaticos, para el caso que nos ocupa, los gobiernos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher,  ambos promotores de esta política pública de reducir presupuestos en el plano social y dismir la presencia del estado, subir impuestos a las clases medias y bajas, al tiempo que se le reducen a las clases altas (En Estados Unidos, las clases altas llegaban a pagar, a mediados de los 70, hasta casi un 80% de impuestos, habiéndose reducido una década después cerca del 10%).

A parte de estos dos dirigentes, cabe destacar otros tres casos en esa década de 1980. Los del alemán Helmut Kohl, el francés François Mitterrand y el español Felipe González. Estos tres suelen pasar desapercibidos, sobre todo el último. En sus respectivos países emprendieron una serie de políticas, también, de corte neoliberal. Como ejemplo, en el caso español, está el PEJ (Plan de Empleo Juvenil) de 1988, que se saldó con la huelga general más grande que había visto este país en décadas.

El neoliberalismo promulga, como ya ha quedado dicho, un estado pequeño y legalmente laxo respecto a las empresas y el capital. Al tiempo, esto conlleva la disminución de presupuestos (pensemos que el estado es pequeño, no necesita tanto dinero) y con ello la destrucción de los sistemas públicos de protección y ayuda. Sin embargo, el propio sistema diseñado desde 1980 realiza una trampa un tanto siniestra. Realmente, en ningún caso reduce el estado, simplemente desvía las partidas presupuestarias. Esto es, reduce los presupuestos de sanidad, enseñanza, investigación, etc., pero al tiempo aumenta los de defensa o fuerzas armadas. Por lo tanto, el estado sigue siendo grande y fuerte.


En los últimos meses ha habido una gran crítica al negocio de venta de armas del estado español, concretamente con Arabia Saudita, pero se deja de lado la venta hacia paises africanos y otros del Middle East. Las armas que se venden son producidas por un ingente número de empresas de armas que tienen, en realidad, un tatularidad pública.
Este modelo se ha implementado en la última década con la excusa de la "crisis", también por el alimento continuo de conflictos bélicos en lugares como Siria, Irak o Afganistán, pero también Líbano o el Congo, donde se enquista un sistema de violencia y muertes continuas.

Lo que también sigue a esta nueva tendencia presupuestaria, es la modificación legal en dos aspectos. El primero es hacer regulaciones y legislaciones más laxas hacia el mundo de la banca, la industria de hidrocarburos, la alimentaria, por ejemplo. En los últimos años legislaciones españolas y europeas, como el TTIP, las amnistías fiscales, la modificación de Codigos Penales, o de las propia legislación orgánica van en este sentido.


El segundo punto es el endurecimiento de las penas por protestar, la persecución continua de grupos políticos, artistas u otros agentes sociales, así como la aplicación de la censura abierta o la penetración de la "autocensura" entre la población. Tampoco se debe dejar de lado el enduercimiento de las "leyes de seguridad", donde se ha tomado como ejemplo la "Patriot Act" aprovada por los EUA durante el gobierno de G. W. Bush poco después del 9-11. Los últimos países en realizar estas medidas han sido Francia o Bélgica, sobre todo esta última a raíz de los atentados que se produjeron hace pocos años. Esta fórmula de aumento de la seguridad es sencilla: A más seguridad, menos libertad individual y colectiva.

Estos cambios legislativos y presupuestarios tienen una base empírica, aunque hasta ahora no se habían probado en países con un sistema de "Democracia Liberal". La prueba se hizo en dictaduras, donde los casos chileno con Pinochet y argentino con Videla fueron laboratorios sobre la aplicación del neoliberalismo al estado. El modelo económico, a pesar de que demostró que a largo plazo era crítico, pudo enseñar muchas cosas a la Escuela de Chicago y a todos sus suscesores. Desde el 2008 Europa y Norteamérica han sido escenarios óptimos y así se han encaminado las políticas. Detrás nuestra van ahora las Repúblicas Latinoamericanas. Argentina y Brasil ya son grandes ejemplos, pero detrás van Chile, Bolivia, Colombia o Ecuador. Para otras, como Venezuela, Honduras o Guatemala, se ha optado por la via de la desestabilización interna y la presión externa. A otras se las ha atraido en los últimos tiempos, como Cuba o México.

El panorama político europeo no es más óptimo. Países como Polonia o Hungría se sostienen con partidos de ultra o extrema derecha (use el eufemismo que desee, pero son partidos fascistas). En Francia el FNF es la segunda fuerza, aunque Macron no ha dado mejores perspectivas. Los Tories británicos han permitido que el ala más extrema se ponga al frente, dónde la primera ministra, Thresa May, es muestra de ello con un discurso cada vez más racista y más xenófobo. En España la cosa no mejora, y ya no por la nostalgia del fascismo franquista, sino por la aparición e irrupción con fuerza de partidos como Ciutadans o Vox, o el cambio en el seno del partido que ha abanderado la derecha española en los últimos 40 años, el PP. Alemania, a pesar de la resistencia del CDU y el SPD a la derecha y de Los Verdes a la izquierda, el AfD, un partido euroescético y con un discurso bastante xenófobo y ultranacionalistya, ha ido creciendo. En las pasadas elecciones bávaras ha sido la 4ª fuerza política, superando al SPD.

Si salimos de nuevo de Europa, Estados Unidos ha emprendido una marcha, probablemente sin retorno, hacia el extremismo más mortifero que nos espera en los próximos años. Donald Trump solo es el principio y el síntoma, se nos olvida ver la fuerza que ha obtenido el "Tea Party", la sección más extrema y más dura del Partido Republicano. Pero en el Partido Demócrata no se quedan muy cortos, y sigue apostando por la tendencia "Clinton" y "Obama".

Nos quedan otros tantos lugares, como Turquía o Rusia. En la primera, Erdogan ha conseguido afianzarse en el poder, y mediante fórmulas "democráticas" y "legales", ha impuesto un modelo dictatorial, donde se persigue la oposición duramente y no hay espacio para las libertades, ejemplo claro es la persecución continua del publo kurdo. También han aumentado drásticamente los índices sobre pobreza y desigualdad. La Rusia de Putin es una Rusia cada vez más agresiva internamente. Legislaciones contra la homosexualidad o contra la emponderación femenina son ejemplos del modelo autoritario. También la represión del pueblo checheno. Si bien en la Rusia post-soviética las mafias empezaron a controlar el estado y la economía, desde que Putin llegase al poder en el 2003, estas mafias se han legalizado, por lo que la economía sigue en las mismas manos que hace 15 años.

Por tanto, la perspectiva no es buena en casi ningún ámbito para el próximo medio siglo. Si no estamos encerrados, "fusilados" o muertos de hambre, frío o calor por falta de recursos económicos, acabará con nosotros el cambio climático con el aumento de los océanos y la disminución de recursos medioambientales, agrícolas o ganaderos, así como la aparición de nuevas y viejas epidemias de enfermedades víricas y bacteriológicas; aunque también otras de origen mental y neurológico. Para evitar algunas de estas, se necesitan profesionales como Alejandro Rivero, que ayuden en el avance científico y puedan dar alternativas a la deriva hacia el desastre a la que se dirige la humanidad, y con ella, el propio planeta Tierra y el resto de especies en el que viven. 

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